domingo, 15 de mayo de 2011

La Cova Tallada

De los muchos lugares con encanto, con mucho encanto, que hay en a costa de la Comunidad Valenciana (a pesar de todos los pesares y de las urbanizaciones sin gracia),  la Cova Tallada, entre Denia y Javea, es uno de los más destacables.

Es una cueva que es, por lo menos en parte, artificial. Fue usada como cantera, al parecer para la construcción del castillo de Denia. La mayor de sus varias bocas es un enorme porche que mira hacia el noreste, hacia un mar Mediterráneo casi siempre de un azul insultante. Y ese mar es el que le da un carácter muy especial a esta cueva, situada tan a nivel del mar que éste entra en la cueva por varias de sus bocas formando unos lagos interiores a los que pueden incluso acceder las canoas que llegan a la cueva por el mar.

Pero nosotros no fuimos por mar. A los pobres nos toca patear. En todo caso, como en tantas otras cosas de la vida, el camino forma parte del encanto de la ruta tanto como el destino.


A la cova Tallada se puede llegar básicamente desde dos sitios. Desde lo alto de las Planas del cabo San Antonio, por un sendero que se asoma al mar desde lo alto de loa acantilados y barrancos, para descender por una de las barrancadas casi directamente a la cueva. El otro camino parte de la zona final de la carretera de las Rotas. Este segundo es que nosotros seguimos.

Los coches se dejan en una de las explanadas que hay casi al final de la carretera de Denia a las Rotas. Desde allí hemos tomar la calle de la Vía Láctea, la última que sale a la derecha de la carretera. Se sube por ella hasta la primera curva muy marcada que gira a la derecha hacia la Torre del Gerro. Una pista de tierra arranca de la misma curva y hemos de tomar por ella. A unos 200 m sale a la izquierda un ramal que termina enseguida y en el que una escalera marca el comienzo del sendero.


Tras bordear una zona un poco aérea, en la que se ha colocado hace poco un pasamanos de cuerda, más como quitamiedos que por necesidad, comienza un fuerte descenso también acondicionado con unos escalones.


El sendero continua desde aquí manteniendo el nivel, unos veinte metros sobre el mar, salvando un par de barranquitos hasta llegar a la cueva.


Realmente uno podría pasar de largo si nos sabe donde está, pues llegamos desde arriba y la cueva es visible sólo desde el mar. De todos modos hay dos indicaciones muy fáciles. Por un lado, desde el sendero se ve el islote que forma un pequeño puerto frente a la boca de la cueva.


Por otro lado se ha colocado un poste de indicación de senderos justo donde comienza el descenso a una de las bocas de la cueva. A este punto llega también el sendero que viene desde lo alto de las Planas del Cabo de San Antonio.

Siempre había bajado a la cueva del siguiente modo. Después del poste se sigue por el sendero unos treinta metros, momento en el que hay que asomarse al acantilado (mucho cuidado) para localizar la vía de bajada. Esta, aunque bastante vertical, es muy cómoda, pues las roca esta tallada formando como escalones que nos permiten bajar con una razonable seguridad.


Este acceso tiene la ventaja que nos coloca de frente al gran porche de la cueva, y eso impresiona.



El otro acceso, que nosotros hemos gastado para salir, más que nada por probarlo, baja desde al lado del poste de señalización, en la última barranca antes de la cueva, con la ayuda de una cuerdas que hay instaladas, y que la verdad viene bien para subir, seguro que para bajar también. A este acceso le veo dos inconvenientes: en primer lugar tiene el problema de que si el mar está un poco fuerte no se debe poder usar, mientras que el primero no tiene ese problema; en segundo lugar, se accede a la cueva por una boca lateral y sin gracia.


Ya en la cueva, podemos avanzar cerca de la pared, hasta la zona en la que el agua entra formado unos lagos y unas vistas espectaculares. El resto de la bocas son arcadas formadas por el proceso de extracción de bloques de roca, y el mar entra por ellas creando un juego de luces como pocas veces se ve.


Donde acaban los lagos la cueva se prologa hacia el interior de la montaña, siempre artificial, formado una gran galería, o una sucesión de salas, de unos cien metros. Gran cantidad de arena llena la galería, formando casi dunas en su interior.


Una cosa llamativa son las marmitas o depósitos de agua que hay, hasta cuatro en toda la cueva, para recoger los escasos goteos que la cueva presenta. Tal vez los pescadores se suministraban de ella, pues también hay, una galería cerca del lago interior, una gran argolla de hierro que seguramente empleaban para amarrar las barcas.


Otro elemento interesante, que pasa casi desapercibido para el que no lo busca, es un texto grabado en la roca en que se lee (o más bien se leía y ahora se adivina) "PHILIPUS III HISP REX CAVERNAM HANC PENETRAVIT AN MDXCIX", o sea, que Felipe III visitó esta cueva en 1599.


Otro aspecto interesante es el puerto que se forma frente la cueva, gracias al islote que los trabajos de canterería dejaron frente a ella, seguro que con toda la intención de facilitar el proceso de carga de los bloques de roca que se extraían de la cueva. El agua transparente y el fondo rocoso de esa especie de piscina marina, convierten el lugar en muy bueno para el buceo con careta y aletas.


Resumiendo, una excursión ideal para el principio o final del verano, para poder disfrutar del baño y no sufrir demasiado con el sol que nos compaña en casi todo el camino. Y en pleno verano... pues a aguantar el calor, a cargar un poco más de agua y a disfrutar aún más del baño.

Y de remate, como no, un buen arroz en alguno de los restaurantes de la zona. Justo cerca de donde arranca la ruta, esta el Mena, que cumple muy bien su papel (nos comimos un arroz del señoret, de categoría), y para muestra, la foto.

 
Aquí va el plano de la cueva, para que nadie se pierda.


1 comentario:

Javier Llompart Torres dijo...

Cuanto tiempo cuesta la excursión?